PLANTEOS ENTRE LO GLOBAL Y LO LOCAL



Gracias a la expansión y masificación de las nuevas tecnologías de estos últimos años, el mundo se ha conectado muchísimo, lo que ayer parecía tan lejano, hoy lo tenemos en la palma de nuestra mano. Estas son alguna de las características que se desarrollaron junto con este movimiento informacional.

La mundialización de las actividades económicas, especialmente la de los flujos financieros, a partir de la hegemonía de las políticas de libre comercio y de los movimientos de capitales productivos y financieros a lo largo de todo el mundo.



El incremento de poder de las empresas transnacionales y los capitales extraterritoriales y de algunos organismos internacionales, como el FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio.


La tensión entre la dinámica de internacionalización y la emergencia de los particularismos locales y nacionales.



La homogeneización de los productos informacionales y comunicacionales, que pregonan una ideología del consumo propia de las sociedades centrales y “traducen” las culturas no centrales en estos mismos términos.





La expansión creciente de las tecnologías de la información y la comunicación en las distintas esferas de la vida de las sociedades, que permitieron reducir notablemente las distancias temporales y espaciales, lo que algunos autores denominan “la compresión de tiempo y espacio” (Bauman, 1999: 8).




La globalización divide en la misma medida que une: las causas de la división son las mis- mas que promueven la uniformidad del globo. Juntamente con las dimensiones planetarias emergentes de los negocios, las finanzas, el comercio y el flujo de información, se pone en marcha un proceso “localizador”, de fijación del espacio. Lo que para algunos aparece como globalización, es localización para otros; lo que para algunos es la señal de una nueva libertad cae sobre muchos más como un hado cruel e inesperado. La movilidad asciende al primer lugar entre los valores codiciados; la libertad de movimientos, una mercancía siempre escasa y distribuida de manera desigual, se convierte rápidamente en el factor de estratificación en nuestra época moderna tardía o posmoderna.
Algunos nos volvemos plena y verdaderamente “globales”; otros quedan detenidos en su “localidad”, un trance que no resulta agradable ni soportable en un mundo en el que los “globales” dan el tono e imponen las reglas del juego de la vida. (Z. Bauman; 1999)
el proceso de globalización pone en tensión tanto a lo global como a lo local. Las elites de las distintas sociedades se vuelven cada vez más globales y extraterritoriales, mientras que el resto de la población se encuentra fuertemente localizada: la globalización incluye procesos de segregación, separación y marginación social progresivos.
presenta la tensión entre ampliar y ofrecer un nuevo mundo de posibilidades, a la vez que desarrolla su contracara, la profundización de los fenómenos de exclusión de un grupo numéricamente importante de los intercambios sociales, económicos y  culturales.
La presencia de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación puede constituir una oportunidad para la inclusión de amplios sectores en los intercambios de la sociedad contemporánea, no solo como receptores pasivos de estos mensajes, sino como sujetos que forman parte de estos intercambios y producen también sus propios mensajes y sentidos.





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